Buenos chistes





Bueno les pongo dos chistes que me hicieron reir mucho 😀

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Por cuanto?

Va un tipo y ve una mujer lindisima con unos pechos perfectos.

Al salir de un autobús. Corre y le pregunta: ¿Por 100 ? me dejaría morderle los pechos?
– Tu te has vuelto loco!? -responde ella.

El da la vuelta a la manzana, llega antes que ella a la esquina y le pregunta:
– Por 1.000 ? me dejarías morderte los pechos?
– Escuche aquí señor mío, yo no soy de ese tipo de mujer, entiende?

El tipo da la vuelta a la otra manzana, y de nuevo llega a la esquina antes que ella y pregunta:
– Por 10.000 ? me dejarías morderte los pechos?

La mujer piensa un poco y responde:
– ¿10.000? Esta bien, pero vamos alla, a aquel portal.

Ella se abre la blusa, y sacándoselos muestra sus pechos hermosísimos a la cara del tipo.
El tipo apenas los ve se lanza y comienza a besarlos, alisarlos, pasarle las manos, acariciarlos, recuesta la cabeza entre los senos, los lame, los chupa los vuelve a besar; pero de morder, nada.

Hasta que la chica hermosa pierde la paciencia y pregunta:
– Pero es que no me los va a morder?

El tipo responde:
– Noooooooooo… es muy caro.

ENtrada al cielo

Había una vez, en un pueblo, dos hombres que se llamaban Joaquín González. Uno era sacerdote y el otro era taxista. Quiere el destino que los dos mueran el mismo día.
Entonces, llegan al cielo, donde les espera San Pedro.
– ¿Tu nombre? – pregunta San Pedro al primero.


– Joaquín González.
– ¿El sacerdote?
– No, no; el taxista.
San Pedro consulta su planilla y dice:
– Bueno, te has ganado el Paraíso. Te corresponden estas túnicas de seda con hilos de oro y esta vara de oro con incrustaciones de rubíes. Puedes pasar.
– Gracias, gracias… – dice el taxista.
Pasan dos personas más, y luego le toca el turno al otro Joaquín, quien había presenciado la entrada de su paisano.
– ¿Tu nombre?
– Joaquín González.
– ¿El sacerdote?
– Sí.
– Muy bien, hijo mío. Te has ganado el Paraíso. Te corresponde esta bata de poliéster y esta vara de plástico.
El sacerdote dice:
– Perdón, no es por presumir, pero… debe haber un error. ¡Yo soy Joaquín González, el sacerdote!
– Sí, hijo mío, te has ganado el Paraíso, te corresponde la bata de…
– ¡No, no puede ser! Yo conozco al otro señor, era un taxista, vivía en mi pueblo, ¡era un desastre como taxista! Se subía a las aceras, chocaba todos los días, una vez se estrelló contra una casa, conducía muy mal, tiraba los postes del alumbrado, se llevaba todo por delante. Y yo me pasé cincuenta años de mi vida predicando todos los domingos en la parroquia.¿Cómo puede ser que a él le toque una túnica con hilos de oro y vara de platino y a mí esto? ¡Debe haber un error!
– No, no es ningún error- dice San Pedro. Lo que pasa es que aquí en el cielo ha llegado la globalización con sus nuevos enfoques administrativos. Nosotros ya no hacemos las evaluaciones como antes.
– ¿Cómo? No entiendo…
– Claro, ahora nos manejamos por objetivos y resultados.
Mira, te voy a explicar tu caso y lo entenderás enseguida:
Durante los últimos cincuenta años, cada vez que tú predicabas, la gente se dormía;
pero cada vez que el taxista conducía, la gente rezaba y se acordaba de Dios.
Entonces, ¿quién vendía más nuestros servicios?
Nos interesan los resultados, hijo mío. ¡Re – sul – ta – dos!

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